jueves, 21 de diciembre de 2023

Cien años de soledad

 La reunión para comentar este libro del escritor colombiano, Gabriel García Márquez, será el día 7 de febrero, miércoles, de 2024, a las 17:00 h.



Cien años de soledad

Sinopsis

Cien años de soledad cuenta la saga de la familia Buendía y su maldición, que castiga el matrimonio entre parientes dándoles hijos con cola de cerdo.

Como un río desbordante, a lo largo de un siglo se entretejerán sus destinos por medio de sucesos maravillosos en el fantástico pueblo de Macondo, en una narración que es la cumbre indiscutible del realismo mágico y la literatura del boom.

Alegoría universal, es también una visión de Latinoamérica y una parábola sobre la historia humana.

«Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo.»




Miguel Delibes

 Del escritor vallisoletano, Miguel Delibes, ya hablamos en una entrada anterior.


Pueden leer su biografía aquí.




lunes, 6 de noviembre de 2023

La sombra del ciprés es alargada

 La reunión para comentar esta novela de Miguel Delibes será el día 13 de diciembre, miércoles, a las 17:00 h. en la Biblioteca Municipal de Baños de la Encina.

 


Sinopsis


El protagonista de esta novela, la primera de Miguel Delibes, galardonada con el premio Nadal 1947, es —como en tantas de sus obras— un niño. Pedro, huérfano desde la infancia, va a parar a Ávila para su educación, al hogar sombrío de don Mateo Lesmes, que le inculcará la creencia de que para ser feliz hay que evitar toda relación con el mundo, toda emoción o afecto. Sólo la vitalidad de la juventud podrá hacerle superar este pesimismo inculcado. Sin embargo, los acontecimientos parecen obligarle a recordar lo aprendido...

Con el estilo impecable que lo caracteriza, Delibes traza una obra inolvidable en que la muerte, que rodea constantemente al protagonista, es vencida al fin por la esperanza.
 

Isabel Allende

 Ya hablamos de la escritora chilena, Isabel Allende, en otra ocasión.

Pueden leer un resumen de su biografía aquí.




lunes, 16 de octubre de 2023

De amor y de sombra

 

La reunión para comentar esta novela de Isabel Allende se celebrará el día 25 de octubre, miércoles, a las 17:30 h.




Sinopsis


Ésta es la historia de una mujer y de un hombre que se amaron en plenitud, salvándose así de una existencia vulgar. "La he llevado en la memoria cuidándola para que el tiempo no la desgaste, y es sólo ahora cuando puedo finalmente contarla. Lo haré por ellos y por otros que me confiaron sus vidas para que no las borre el viento..."

Estas bellas palabras proporcionaron la clave de un libro en el que la imaginación y realidad discurren al mismo nivel.

Segunda novela de Isabel Allende, De amor y de sombra es un agudo testimonio de las dramáticas situaciones que se viven en ciertas regiones de América Latina, al tiempo que un canto de amor y de esperanza. Un conmovedor testimonio en el cual la autora no pretende denunciar lo ya sabido, sino -mediante un exquisito arte de novelista- ahondar en el sentido de todo lo que pasa y hacerlo más humano.

Con ternura e impecable factura literaria, Isabel Allende perfila el destino de sus personajes como parte indisoluble del destino colectivo de un continente marcado por el mestizaje, las injusticias sociales y la búsqueda de la propia identidad.

La crítica ha dicho...

«La gente que aparece en el libro es tan real, sus triunfos y derrotas son tan fieles a la verdad de la existencia humana, que vemos el mundo en miniatura. Es precisamente esa la tarea de la ficción.»

The Washington Post

lunes, 3 de julio de 2023

Descanso veraniego

 

Esta semana cerramos un nuevo curso de nuestro club de lectura “La encantá del Pilarejo”.

Como siempre dar las gracias a todos y todas las participantes por su fidelidad durante tantos años y por su maravilloso sentido del humor durante las reuniones.


Freepik, Autor iwat1929


Con ustedes la experiencia de las lectura compartidas se hace mucho más interesante y constructiva.

Volveremos en septiembre con muchos más libros.

Agradecemos a la Biblioteca Pública Municipal Cronista Juan Sánchez Caballero de Linares su apoyo a todos los club de lectura de la comarca. También a Alfonso Delgado Donaire encargado de los lotes para club de lectura de la Asociación PRODECAN.

 

Ilustración tomada de Freepik, Autor iwat1929


viernes, 30 de junio de 2023

Armando Palacios Valdés

 

Armando Palacio Valdés nació en Entralgo, Laviana (Asturias), el 4 de octubre de 1853 y murió en Madrid, el 29 de enero de 1938.

Fue un escritor y crítico literario español, perteneciente al realismo del siglo XIX.



Armando Francisco Bonifacio Palacio y Rodríguez-Valdés nació el 4 de octubre de 1853 en la parroquia asturiana de Entralgo, perteneciente al concejo de Laviana. Era hijo de Silverio Palacio Cárcaba, un abogado de origen ovetense de ascendencia burguesa, y de Eduarda Rodríguez-Valdés y Alas, perteneciente a una familia avilesina hidalga y terrateniente. Fue el mayor de los tres hijos del matrimonio. Sus hermanos también fueron escritores, el mediano Atanasio (1856-1919) y el pequeño Leopoldo (1867-1892), bajo el seudónimo Miguel Franco. Su sobrino Eduardo, hijo de Atanasio, fue político y periodista.

A los seis meses se traslada con su familia a Avilés, donde su familia materna poseía tierras y donde su padre trabajaba como abogado en las obras de dragado de la ría.

Estos dos escenarios, el rural y montañoso del interior, y el marítimo de Avilés, nutrirán sus experiencias infantiles, porque, aunque la familia vive en la villa costera, se trasladan frecuentemente a Entralgo, donde tenían diversas posesiones. Posteriormente, cuando el novelista comience a entretejer sus obras literarias con sus experiencias vitales, mar y montaña servirán como contrapunto humano y paisajístico de algunas de sus historias.

En 1865 se traslada a Oviedo para estudiar el Bachillerato, permaneciendo durante los cinco cursos en la casa de su abuelo paterno. Por entonces leyó en su biblioteca la Iliada, que le impresionó fuertemente y abrió su interés por la literatura y la mitología; tras ello se inclinó por obras de Historia, de las que leyó muchas, sobre todo en francés, lengua que dominaba.

En los pasillos del Instituto conoce y entabla amistad con Leopoldo Alas «Clarín», Tomás Tuero y Pío Rubín, con quienes asiste y participa de los fervores revolucionarios de setiembre de 1868 y con quienes comienza a interesarse por la literatura, especialmente a través de teatro que escribía Leopoldo Alas y, en compañía de otros amigos, representaban en el salón de la casa de uno de ellos.

En octubre de 1870, después de logras su título de bachiller en Artes, se traslada a Madrid para estudiar Derecho (carrera que concluyó en 1874), desoyendo las recomendaciones de su padre que pretendía mantenerlo al cuidado de la hacienda familiar. Ya en su vejez, y en un texto de trasfondo autobiográfico, recuerda este episodio con nostalgia: «Creo que mi padre tenía razón. En último resultado me hubiera convenido más permanecer a su lado, ayudarle en sus negocios, hacerlos prosperar y dejar transcurrir la vida dulcemente en el pueblo.»

Desde ese momento, su vida transcurre ligada a Madrid, donde vuelve a coincidir con Alas, Tuero y Rubín, con los que comparte pensión y estudios.

Aparte de la carrera de Leyes, se va introduciendo, casi de soslayo, en la vida y en la profesión literaria.

Perteneció a la tertulia del Bilis Club junto con otros escritores asturianos y redactó con ellos los tres números del efímero periódico Rabagás. Dirigió la Revista Europea, donde publicó artículos que luego reunió en Semblanzas literarias. Frecuenta el Ateneo (llegaron a llamarle "el terror de los bibliotecarios", porque leía hasta ocho horas diarias y fundó la tertulia de la institución el salón llamado La Cacharrería), lo que le sirve de inspiración para los retratos literarios en Los oradores del Ateneo y en El nuevo viaje al Parnaso donde desfilan conferenciantes, ateneístas, novelistas y poetas de la época. Escribió también como crítico, en colaboración con Leopoldo Alas, La literatura en 1881.

Su primera vocación había sido la de catedrático y durante un trimestre sustitutó a Félix de Aramburu en la cátedra de Derecho Civil de la Universidad de Oviedo, y dio clases de Economía Política, una de sus pasiones intelectuales, en la Escuela Mercantil del Instituto madrileño de San Isidro.

En aquellas aulas y pasillos del Ateneo madrileño trabó amistad con Eduardo Medina, copropietario de la Revista Europea, que le encargó escribiera algunos textos filosóficos que fueron apareciendo en la revista, de la que posteriormente, tras un breve paso como comentarista de internacional por El Cronista -periódico propiedad también de Medina-, acabó siendo director y dándole verdadero impulso durante tres largos años.

En la Revista Europea publicó el joven Palacio Valdés reseñas de la actualidad cultural de la época, traducciones de algunos y muy significativos textos de contenido filosófico y religioso -entre ellos El porvenir de la religión, de Harttmann, y El pesimismo en el siglo XIX, de E.M. Caro- y sobre todo, una serie de semblanzas entre humorísticas y críticas que, tras pasar por las páginas de la revista, acabarán conformando sus tres primeros libros: Los oradores del Ateneo (1878), Los novelistas españoles (1879) y Nuevo viaje al Parnaso (1879).

Pero esta postura crítica, en la que a veces desplegaba determinado grado de crueldad y sobre todo una gran dosis de ironía -compartió postura con Clarín, con quien publicó a medias La literatura en 1881-, no satisfacía a un Palacio Valdés, de un carácter bastante amable, y en 1881 probó suerte en la novela con El señorito Octavio.

A partir de esta primera novela, que conoció un éxito inmediato, ya que en menos de un año se realizaron dos ediciones, Palacio Valdés acabó dedicándose por entero a la narrativa, con alguna incursión esporádica en el ensayo literario, el libro de memorias o el ensayo histórico.

A pesar de su estancia en Madrid, que ya no abandonaría como residencia hasta su muerte, Palacio Valdés vuelve una y otra vez a Asturias, donde tiene su familia, sus amistades y donde acaba encontrando el amor. Tras un breve noviazgo que se había iniciado en la villa marinera de Candás, donde pasaba unas vacaciones con Leopoldo Alas, el 4 de octubre de 1883, el mismo día en que cumplía 30 años, se casó con Luisa Maximina Prendes Busto, una joven gijonesa que moriría al año y medio de matrimonio, dejándole un hijo y un recuerdo permanente que trasladaría posteriormente a una de sus novelas más emblemáticas, Maximina (1887).

Tras el fallecimiento de su esposa, Palacio Valdés abandona la llamada vida literaria, el mundo de las tertulias, los salones y los teatros, y se dedica de lleno a su obra narrativa. En poco más de dos décadas, en el espacio que media entre 1881 y 1903, publica el grueso de su obra novelesca, entre las que deben anotarse un buen número de obras muy significativas en el panorama literario de la época y en la trayectoria de su autor: Marta y María (1883), Riverita (1886), El cuarto poder (1883), La hermana San Sulpicio (1889), La espuma (1891), La fe (1892), El maestrante (1893), Los majos de Cádiz (1896), La alegría del capitán Ribot (1899) o La aldea perdida (1903). Con la publicación de esta novela, en la que su autor parece dar un quiebro a su evolución y se replantea, con un acercamiento al horizonte modernista, algunos de sus procedimientos estilísticos y, sobre todo, con la aparición tres años más tarde de Tristán o el pesimismo, en la que reafirma las perspectivas ideológicas y estilísticas de La aldea perdida, Palacio Valdés, que ya ha pasado la frontera de los 50 años y ha contraído matrimonio en segundas nupcias (1899), tras un período de convivencia de ocho años, con la gaditana Manuela Vega y Gil, decide abandonar la narrativa, en la que sin embargo volverá a recaer con obras menores, como Santa Rogelia (1926) o Sinfonía pastoral (1931), alternándolas con libros de distintos calado e intención, como su autobiografía infantil y juvenil, La novela de un novelista (1921), o su libro de recuerdos y reflexiones literarias, Testamento literario (1929), en el que resume sus puntos de vista sobre el arte literario, que previamente había desplegado en algunos artículos y prólogos a sus propias novelas. De este periodo último son también los tres libros que integran el ciclo del «Doctor Angélico» -una miscelánea y dos novelas- en los que su autor, a través de la ficción, parece darnos algunas claves autobiográficas en las que domina el pesimismo junto a una nostalgia que generalmente se acentúa con el humorismo que de siempre ha caracterizado a su autor.

En cualquier caso, este conjunto de libros, especialmente sus novelas, que en algunos casos alcanzaron cifras de ventas muy destacables y que fueron traducidas a todos los idiomas, encumbraron a su autor en el panorama literario de la época y, sobre todo a partir de comienzos del siglo XX, le valieron homenajes y reconocimientos de todo tipo. A partir de la muerte de Galdós, fue unánimemente considerado Patriarca de las Letras Españolas, título honorífico que, si bien no añadía nada a su carrera y reconocimiento, servía sin embargo para subrayar su fama y popularidad, que en muchos casos fue ciertamente considerable.

Tras ser elegido académico de la Lengua en 1906, ocupando el sillón que ese mismo año había quedado vacante con la muerte de José M.ª de Pereda, comenzó su época más popular. Ese mismo año los universitarios de Oviedo le rindieron un homenaje en el teatro Campoamor en el que participaron figuras como Unamuno, Fermín Canella o un entonces jovencísimo Ramón Pérez de Ayala. A partir de éste, son numerosos los homenajes que en distintos lugares se le rinden: Marmolejo, Valencia, Madrid... y, cómo no, su pueblo natal, Laviana, que inaugura una Avenida denominada Palacio Valdés, y Avilés, que rotula con su nombre una de sus más emblemáticas calles y que inaugura un teatro llamado precisamente Teatro Palacio Valdés en 1920, momento en el que se le condecora con la Orden de Alfonso X. La capital asturiana, Oviedo, le nombra hijo adoptivo, al igual que Sevilla, agradecida por haberla elegido como escenario de una de sus novelas más populares, La hermana San Sulpicio, de la que se han realizado hasta tres versiones cinematográficas, las dos primeras de ellas, una muda de 1927 y otra sonora de 1934, con Imperio Argentina como protagonista. El cine, a pesar de las reticencias iniciales del propio Palacio Valdés, ayudó a popularizar sus obras, que se han versionado hasta en trece ocasiones.

Esta fama y reconocimiento que llegó a conocer en nuestro país tuvo su correlato también en el extranjero -llegó a decirse en la época que era más conocido fuera de nuestras fronteras que en España y que el propio Palacio Valdés escribía con tal objetivo-, especialmente en los Estados Unidos y en Francia, donde desde 1908 pasaba parte del año, especialmente los veranos, en un chalé -denominado «Marta y María» en recuerdo de una de sus primeras novelas- en la localidad de Capbreton, en Las Landas, y donde compartía tertulia y amistad con significados escritores de la época, como Paul Margueritte. Con motivo de la primera guerra mundial, fue enviado por el diario El imparcial como corresponsal a París, desde donde envió una serie de crónicas de sentido carácter aliadófilo que posteriormente sería recogidas en el libro La guerra injusta (1917).

Fue dos veces nominado al Premio Nobel, en 1927 y 1928, aunque en el primero de estos años, a pesar de la campaña mediática e institucional que se desplegó a su favor, su candidatura llegó fuera de plazo y no fue considerada por la Academia Sueca, que al año siguiente sí la tuvo en cuenta, aunque finalmente otorgara el premio a la noruega Sigrid Unset.

Pero no todos fueron luces en estos años finales de su vida. Mientras se le homenajeaba en distintos ámbitos y lugares, como hemos visto, su vida personal sufría distintos reveses. En enero de 1920 moriría su nuera. Dos años más tarde, su único hijo, quedando al cuidado del novelista las dos hijas de éste. El propio novelista hubo de superar una grave enfermedad que hace temer por su vida durante meses y un accidente que le mantiene imposibilitado y le obliga a utilizar bastón durante años. Todo ello, acompañado de la enfermedad de su esposa, que le produce no pocos contratiempos. Sin embargo, supera todas estas adversidades personales y se adentra en los años 30 con cierto optimismo, que se refleja en sus últimas obras, sobre todo, en Sinfonía pastoral, hasta que, en el Madrid cercado de la guerra civil, víctima de las privaciones inherentes a las condiciones del cerco y de su propia edad, 84 años, fallece el 29 de enero de 1938.

Sus restos fueron depositados en el cementerio de La Almudena, de Madrid, hasta que en 1945, cumpliendo la voluntad del novelista, fueron trasladados al cementerio de La Carriona, en Avilés, donde reposan bajo un hermoso monumento funerario del escultor Jacinto Higueras.


Fuentes consultadas

https://www.cervantesvirtual.com/portales/armando_palacio_valdes/autor_biografia/

https://es.wikipedia.org/wiki/Armando_Palacio_Vald%C3%A9s

https://www.biografiasyvidas.com/biografia/p/palacio_valdes.htm