Antonio Buero Vallejo nació en Guadalajara, el 29 de
septiembre de 1916 y falleció en Madrid, el 29 de abril de 2000.
Fue un dramaturgo español, ganador del Premio Lope de Vega en
1949 y del Premio Cervantes en 1986.
Su padre, Francisco, era un militar gaditano que enseñaba
Cálculo en la Academia de Ingenieros de Guadalajara; su madre, María Cruz, era
de Taracena (Guadalajara). Su hermano mayor Francisco nació en 1911 y su
hermana pequeña Carmen en 1926.
Toda su infancia la pasó en la Alcarria, salvo dos años
(1927-1929) que vivió en Larache (Marruecos español), donde había sido
destinado su padre. Se aficionó a la lectura en la gran biblioteca paterna y
también a la música y a la pintura: desde los cuatro años dibujó
incansablemente.
Su padre lo llevaba habitualmente al teatro y a los nueve
años ya dirigía representaciones en un teatrillo de juguete.
Estudió Bachillerato en Guadalajara (1926-1933) y se despertó
su interés por las cuestiones filosóficas, científicas y sociales. En 1934, la
familia se trasladó a Madrid, donde ingresó en la Escuela de Bellas Artes de
San Fernando, alternando las clases con su asistencia al teatro y la lectura.
Al comenzar la Guerra Civil quiso alistarse como voluntario,
pero su padre se lo impidió. Este, militar, fue detenido y fusilado por los
republicanos el 7 de diciembre de 1936. En 1937 fue llamado a filas y se
incorporó a un batallón de infantería, colaborando con dibujos y escritos en La
Voz de la Sanidad y en otras actividades culturales. En Benicasim conoció a
Miguel Hernández.
Al finalizar la guerra, Buero se encontraba en la Jefatura de
Sanidad de Valencia, donde se le recluyó unos días en la plaza de toros.
Después, pasó un mes en el campo de concentración de Soneja, en la provincia de
Castellón, y finalmente le dejaron volver a su lugar de residencia con orden de
presentarse a las autoridades, orden que no cumplió.
Comenzó a trabajar en la reorganización del Partido
Comunista, al cual se había afiliado durante la contienda y de cuya militancia
se fue alejando años después.
Fue detenido en mayo o junio de 1939 y condenado a muerte con
otros compañeros por «adhesión a la rebelión». Tras ocho meses, se le conmutó
la pena por otra de treinta años. Pasó por diversas cárceles: en la de Conde de
Toreno permaneció año y medio. Allí dibujó un famoso retrato de Miguel
Hernández, ampliamente reproducido –cuyo original conservan los herederos de
Miguel Hernández– y ayudó en un intento de fuga que le inspiró más tarde
ciertos aspectos de La Fundación. En la de Yeserías apenas estuvo mes y medio,
unos tres años en El Dueso y otro más en la prisión de Santa Rita. Escribió
sobre pintura e hizo cientos de retratos de sus compañeros, entablando muy
buenas amistades con algunos de ellos y manteniendo contacto tras su salida de
prisión.
Del penal de Ocaña sale en libertad condicional, pero
desterrado de Madrid, a comienzos de marzo de 1946, por lo que fija su
residencia en Carabanchel Bajo, aunque pasa la mayor parte del día en la
capital. Se hace socio del Ateneo y publica algunos dibujos en revistas para
conseguir ingresos, pero su afición pictórica empieza a decaer en pro de la
escritura. Refleja a través de la narrativa los pensamientos de su último año
de cárcel, si bien pronto abandona ese género por el teatro.
Se casó con la actriz madrileña Victoria Rodríguez en 1959 y
tuvieron dos hijos, Carlos y Enrique. El menor de ellos, Enrique, falleció en
1986, con solo 25 años, en un accidente de tráfico y esta tragedia marcó al
dramaturgo de por vida.
En 1963 se le propone su incorporación al Consejo Superior de
Teatro, pero Buero renuncia a ello. Encabezados por Bergamín, firma, con otros
cien intelectuales, una carta dirigida al ministro de Información y Turismo
solicitando explicaciones sobre el trato dado por la policía a algunos mineros
asturianos. El Ministerio publica la carta en la prensa con una respuesta, y
aunque no se adoptan medidas públicas contra los firmantes, hay una condena al
silencio por parte de la prensa y cierto «desvío de editoriales y empresas».
Ante las dificultades económicas que padece, se ve obligado a
viajar a Estados Unidos. Durante dos meses de 1966 visita una quincena de
universidades y, contra su costumbre y sus deseos, da charlas acerca de su
teatro, así como conferencias sobre diferentes temas.
En 1971 ingresa en la Real Academia Española, y más tarde es
nombrado socio de honor del Círculo de Bellas Artes y del Ateneo de Madrid.
Asimismo, pertenece a diversas academias, comités y sociedades de América,
Portugal, Alemania y Francia.
Falleció en el Hospital de Madrid, a causa de un ictus, el 29
de abril de 2000, a los ochenta y tres años de edad.
Su obra
La experiencia vital de Antonio Buero Vallejo influyó
profundamente en su literatura, en la que refleja temas como la injusticia, la
opresión y la lucha por la libertad. Por ello, es recordado por su habilidad
para combinar la crítica social con la humanidad y el profundo análisis
psicológico de los personajes en sus obras, convirtiéndose en una voz esencial
para entender la España del siglo XX. La obra de Buero es una verdadera
referencia ética y estética coherente con su vida, su trayectoria de hombre íntegro,
comprometido y defensor de unos valores difícilmente discutibles por su
profundo humanismo. Obra y vida contienen igualmente rasgos modélicos.
Consecuentemente, en la biografía de nuestro autor lo mismo que en su obra
contemplamos ese magisterio que nos aproxima a una parte valiosísima de su
personalidad.
La importancia de la obra de Buero Vallejo radica en su
capacidad para reflejar la realidad social, política, ética y moral de su
tiempo, así como en su destreza para crear personajes complejos y situaciones
dramáticas que invitan a la reflexión. Instalado en el contexto de lo trágico,
el teatro de Buero en general viene a expresar el desgarramiento interno de la
persona que se produce entre las propias limitaciones que padece, los
condicionamientos que la sociedad le impone y las propias miserias y deseos. El
legado literario sigue siendo relevante en la actualidad y este teatro es
estudiado en universidades y representado en escenarios de todo el mundo.
Sin ser un autor prolífico ni obsesionado por estrenar, pues
meditaba siempre mucho sus dramas antes de llevarlo a las tablas, sí ha dejado
una rica obra teatral, además de una mínima parte de narración y ensayo.
En sus primeras obras, Buero Vallejo se propuso desvelar la
angustia y soledad en las que se debate la existencia humana, casi siempre en
condiciones mediocres, cuando no hostiles.
En la etapa posterior, particularmente vasta, el autor
muestra una tendencia al mito, la leyenda y la fábula.
Personajes
Se podría decir que los personajes de Buero Vallejo suelen
coincidir con las siguientes características:
- Presentan alguna
tara física o psíquica.
- No se reducen a
simples esquemas o símbolos.
- Son caracteres
complejos que experimentan un proceso de transformación a lo largo de la obra.
La crítica los ha
distinguido entre personajes activos y contemplativos. Los primeros carecen de
escrúpulos y actúan movidos por el egoísmo o por sus bajos instintos, y,
llegado el caso, no dudan en ser crueles o violentos si con ello consiguen sus
objetivos. No son personajes malos; la distinción maniquea entre buenos y malos
no tiene cabida en el teatro de Buero. Los contemplativos se sienten
angustiados. El mundo en que viven es demasiado pequeño. Se mueven en un
universo cerrado a la esperanza. A pesar de ser conscientes de sus
limitaciones, sueñan un imposible, están irremediablemente abocados al fracaso.
Nunca ven materializados sus deseos.
Curiosidades
Dos aspectos desconocidos de su vida son su pasión por el
yoga y la ufología u ovnilogía, el estudio de los fenómenos extraterrestres
mediante el análisis de fotografías, vídeos y testimonios de avistamientos. Y
tal era su gusto por el yoga, que llegó a pasar su tiempo libre dibujando
asanas o posturas de esta disciplina hinduista.
Teatro
Sus obras teatrales son, por orden de estreno:
- Historia de una
escalera (1949)
- Las palabras en la
arena (1950)
- En la ardiente
oscuridad (1950)
- La tejedora de
sueños (1952)
- La señal que se
espera (1952)
- Casi un cuento de
hadas (1953)
- Madrugada (1953)
- Irene, o el tesoro
(1954)
- Hoy es fiesta
(1955)
- Las cartas boca
abajo (1957)
- Un soñador para un
pueblo (1958)
- Las Meninas (1960)
- El concierto de San
Ovidio (1962)
- Aventura en lo gris
(1963)
- El tragaluz (1967)
- La doble historia
del doctor Valmy (1968)
- El sueño de la
razón (1970)
- Llegada de los
dioses (1971)
- La Fundación (1974)
- La detonación
(1977)
- Jueces en la noche
(1979)
- Caimán (1981)
- Diálogo secreto
(1984)
- Lázaro en el
laberinto (1986)
- Música cercana
(1989)
- Las trampas del
azar (1994)
- Misión al pueblo
desierto (1999)